Mi página sobre cuentos y narración oral

Utopía

Utopía

El más pequeño de la familia estaba aprendiendo a hablar, y repetía como podía las palabras que oía por ahí. De vez en cuando alguna le hacía gracia, y la decía una y otra vez hasta casi enloquecer al resto de la familia. A veces las pronunciaba de forma más o menos reconocible, otros días simplemente decía lo que a él le parecía perfectamente correcto, fuera eso lo que fuera. A veces alguien le corregía la pronunciación. Otras simplemente guardaban el “nuevo término” en el diccionario familiar, como un tesoro para la posteridad. 

Una tarde alguien estaba viendo una tele de la que sólo salían cosas feas, como era habitual desde el regreso de la pandemia que asolaba por segunda vez al pueblo. El pequeño oía cosas como “catástrofe”, “irresponsabilidad”, “abismo”, “recesión” y otras lindezas. Pero por algún motivo lo que empezó a repetir como un lorito fue “tritopía, tritopía, tritopía….”. Alguien que andaba por ahí intentó corregirlo, pensando que estaba repitiendo “distopía”, como decía el presentador a cada momento. Pero el pequeño seguía en sus trece con su “tritopía, tritopía, tritopía”, que parecía hacerle mucha gracia porque se reía al oírse a sí mismo.

Para distraerlo, su hermano mayor lo invitó a echar un vistazo a las crisálidas que poblaban el pequeño criadero que mamá y papá habían instalado en la ventana de la cocina. Ambos esperaban emocionadísimos el renacer de esos bichitos en forma de mariposas de colores, porque les habían prometido que cuando eclosionaran las llevarían al huerto y las soltarían, para que les vivieran allí con las mariquitas, escarabajos, crisopas y otros bichos, ayudando a que las zanahorias y las espinacas crecieran fuertes y hermosas. Pero lejos de olvidar la palabreja, la emoción hizo que fuera cambiando de sonido poco a poco. De “tritopía” pasó a sonar más como “trutopía”, y después perdió la t y se convirtió definitivamente en “utopía”. A nadie pareció sorprenderle, y a partir de ese día el criadero de la cocina tuvo nombre propio.

 

Las «palabras-semilla» que pueblan este relato son, por orden de llegada: regreso, crisálida, renacer, distopía y fuerza.

Autora del texto y el video: ©Ana María Caro Murillo, de Cuentos, Cuenteros y Otros Seres Fantásticos. 

Madrid, 19/05/2020

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