Hoy estoy muy feliz, porque acaba de ser la III edición de Divercuentos, porque la diversidad cuenta, una de mis contadas más queridas. ¡Te lo cuento con pelos y señales!
Asilim es la Asociación para la Integración Lingüística del Inmigrante en Madrid, una entidad a la que le tengo un especial cariño. Son un grupo de profesores/as de español como lengua extranjera, que se dedican a enseñarlo a quienes vienen de otros países y necesitan aprenderlo para integrarse en Madrid.
Una de sus actividades anuales es la Semana de la Diversidad, y dentro de ella, esta sesión de cuentos interculturales.
Lo que hacemos es invitar a las personas que están pasando o han pasado por sus aulas para aprender o enseñar español, para que nos cuenten sus cuentos favoritos de su país natal, en su idioma materno. Los acompañamos narradores/as hispanohablantes, y hacemos una «contada en versión original con interpretación casi-consecutiva», que es, hasta donde yo sé, ¡la única que se hace en Madrid! (y puede que la única del mundo entero, jajajaja)
A medida que contamos, marcamos en el mapa los sitios de donde venimos, y al final el mapa queda así de chulo:
Este año tuvimos cuatro parejas de narración, te las presento:
Abrimos con Mohamed, de Senegal, y Simone, de Italia, contando en Wolof. Un cuento divertido y muy actual sobre un pájaro, y una serpiente que no lo deja en paz: «Las desgracias nunca vienen solas»
Después vinieron Lavinia, de Rumanía, y Andrea, de Chile. Nos contaron en rumano-chileno la historia de «El saquito de monedas», sobre un gallo listísimo que consigue burlar a todo un Marqués, salvar la vida y hacerse millonario:
Después tuvimos a Malika, de Marruecos, y a Susana, la única madrileña del grupo, con un cuento divertidísimo sobre un gato cuyo dueño es un poco obsesivo con la limpieza. En pleno invierno. A 40 grados… bajo cero. En árabe:
La cuarta pareja eran Nadia, Palestina, y Margalida, Mallorquina, con un dulce cuento sobre Jbine, la niña con cara de quesito, con canto propio y romance incluido. En árabe también:
Para cerrar, me traje un cuento tropical, del caribe colombiano, esta vez sin acompañante porque la versión original ya era en español. Conté «El hombre caimán», y aproveché que estaba sola para poner al público a cantar «se va el caimán». ¡Me divertí mucho!
Todo esto fue posible porque Asilim existe y mima a quienes venimos de fuera. Y Asilim existe entre otras personas gracias a Azucena Lorenzo, su presidenta desde su fundación hace 15 años, en el barrio de Lavapiés en Madrid. Este evento también fue un acto de agradecimiento y homenaje a ella por su dedicación y cariño, ¡gracias Azu!
Y claro, para coordinar a narradores tan diversos hacían falta dos, que en este caso fuimos Laura, maravillosa y organizada organizadora por parte de Asilim, y yo, Ana María, por parte de Cuentos, Cuenteros y Otros Seres Fantásticos, que llamé a mis amigos narradores hispanohablantes para recibir sus cálidos «sí, quiero» a nuestra propuesta.
Nos divertimos un rato:
Solo me queda decir GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS….
Un verdadero placer y todo un honor ser parte de la diversidad. Me encanta.








